Etiquetas

, ,

5a560d40c77af417dd464b1bd9f21b1c

Aparco el camión cerca de la gasolinera.

Llevo años al volante.

Últimamente suelo parar sin razón aparente.

La historia de un hombre como yo, es imposible de contar.

A pesar de ser una de tantas historias, no muy distinta a las otras.

Una historia corriente.

Cuando vi a esa chica por primera vez conduje durante unas tres horas sin saber lo que hacía.

No me la podía arrancar de la mente.

Ella no se dio cuenta de mi presencia.

Aunque lo hubiera hecho, una chica como ella jamás me habría mirado.

Estoy a cinco kilómetros de donde está ella.

Va a ese restaurante de carretera en la que la música de los cincuenta inunda el local.

Se sienta sola, lee el periódico, toma café y se va a trabajar.

Suele llevar un vestido ligero a causa del calor y unas sandalias.

Su melena color dorado debe de ser preciosa suelta.

Nunca la he visto, pero la he imaginado todas las noches.

Sólo dos veces al mes puedo desviar mi ruta esos cinco kilómetros, sólo para observar esa escena cotidiana que tiene lugar todos los días.

Lo hago desde hace dos años que fue cuando su existencia envenenó mi vida.

Soy un camionero de treinta y cinco años.

Nunca he estudiado.

Tengo por amigos a mi camión y mi música.

Antes pensaba que la vida consistía en esas dos cosas.

Era suficiente.

Ahora ya no.

Entraré otra vez en el local que ella, sin darse cuenta, emborracha con su presencia.

Guardaré todas las imágenes que pueda recoger mi mente para repasarlas mentalmente hasta que pueda volver a verla.

Si alguna vez ella me mirase, sólo vería a un hombre bruto, lleno de músculos y con la camisa manchada de grasa.

Nunca he salido de Estados Unidos y ella, probablemente, haya estado mil veces en Europa.

Empujo la puerta del local y echo un ligero vistazo para ver si ya ha llegado.

La veo sentada en la mesa cerca de la ventana, leyendo, tranquila.

Los acordes de una canción de Elvis suenan de fondo.

Me siento en la barra de espaldas a ella y pido un café.

Soy feliz.

Sólo vivo para este momento.

Lo demás ha dejado de importarme.

Mi mundo se reduce a ver esta escena llena de luz.

Si tengo suerte, la veo sonreír a la camarera que, después de dos años, nos conoce a los dos.

Un hombre como yo no tiene nada que ofrecer a una mujer como ella.

Un hombre como yo lo daría todo por tener a una mujer como ella.

Tengo una historia que contar, es corriente, como las otras, pero imposible de contar.

La historia de un trabajador que, sin darse cuenta, un día dejó de sentir.

Un hombre que llegó a pensar que la vida, era lo que él tenía.

Alguien que recorría el país de un extremo a otro pensando que lo tenía todo con su música y su camión.

Un hombre que un día, al verla, lo perdió todo como si de un golpe le hubiesen arrancado el corazón.

Su vida, su trabajo y su música perdieron todo significado.

Un hombre que, cuando escuchó de los labios de la camarera, que la chica de la melena dorada, también llevaba dos años esperando por él, creyó morir.