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La gente no se conoce.

Nadie se conoce.

Yo no me conozco.

Hay gente, la más próxima a ti, que sabe mucho más sobre ti de lo que jamás podrán saber otros.

Saber mucho y conocer, no es lo mismo.

Hay ocasiones en las que no me comprendo.

Tengo que interrogarme a mí misma para llegar a entender lo que siento, por qué he hecho una cosa, por qué he evitado la otra o qué ha hecho que me enfadase tanto o qué me ha hecho tan feliz.

Reacciones que entendería de inmediato si de verdad me conociese.

Llegar a conocerse a sí mismo es tarea harto difícil, ya que obliga a establecer un diálogo interior prolongado y, lo más difícil, sincero.

Ser totalmente sincero con uno mismo no es capaz de hacerlo cualquiera.

Si además, la persona tiene problemas y lleva años “tapando huecos”, es decir, poniéndose disculpas a sí misma para no ver su verdad, es peor.

Pues, lo más fácil es ponerse alguna excusa en vez de ver toda la verdad sobre uno mismo.

Una disculpa tras otra, nos aleja de nosotros mismos y es un acto de cobardía.

Debemos confesarnos lo que nos pasa, nuestros errores y aciertos.

Llegar al fondo para que nuestro yo exterior se comunique con nuestro yo interior con un diálogo fluido que nos permita entender nuestros actos y reacciones.

Conocer a otros es imposible.

Uno de los motivos es, que ni ellos se conocen.

Yo sé muchas cosas sobre las personas más cercanas a mí, pero no puedo decir que las conozca en el sentido al que me refiero ahora.

No puedo ser testigo del diálogo que establecen con ellos mismos de forma consciente o inconsciente.

Yo no soy ellos. Nunca lo seré y, por tanto, nunca llegaré a conocerlos.

Sólo sabré mucho más de lo que nadie sabe sobre ellos.

Ni ellos mismos han reflexionado sobre bucear en sí mismos.

Indagar en sus secretos más escondidos.

Generalmente ninguno de nosotros los hacemos.

Existe todo un mundo interior que descubrir.

Sería interesante conocerse a uno mismo.

Creo que hay que intentarlo, aunque el trabajo sea prolongado y escarpado.

Por tanto, si me preguntan, ¿nos conocemos?

Yo siempre respondo: “No”, “Ni yo a mí, ni tú a ti y mucho menos entre nosotros”.