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Pura realidad

La demoledora realidad nos espera a la puerta de casa para imponerse con toda su fuerza.

Una realidad que aunque nuestra mente se empeña en trasformar en dulce relato, nos atraca en cualquier esquina con toda su violencia, injusticia, mezquindad y miseria. Monstrándose con brutal descaro, insípida, sin adornos, ni concesiones.

Por tanto, cuanto más avances en tu engañoso entramado para escapar de ella, más cerca estarás de ese vacío en el que caerás sin remedio.

Esa misma realidad que suele aparecer sin previo aviso con esa sobriedad que te devuelve de golpe hacia lo que no quieres ver, y menos mirar. Repentina, directa, clara, sobria.

Cuando luce el sol, es precisamente eso lo que debes dictar a tu mente. No intentes pues, pintar vacuos colores, ni engaños tintados de sueños diciéndote que el astro sol va a brillar. Te toparás con esa tormenta, tan real como la vida en sí misma.

Es imposible que te empeñes en disfrazar instantes que te alcanzarán con certera precisión, quieras o no.

Concéntrate en entrenar el instinto de lo auténtico.

El artificioso e ilusorio autoengaño no se extiende en el tiempo. No despistes tu atención, ni huyas de la angustia, pues el mundo siempre acaba ensuciándote.

La única manera de contemplar la vida es elaborando una visión en consonancia con el lo real. No te empeñes en el cómodo refugio de lo ficticio.

No debería ser tan difícil ser más honesto. Obrar sin justificaciones ni excusas o enfrentarse cuanto antes a esa forma de contemplar lo que te rodea con claridad y sencillez.

Huye de la cómoda oscuridad. No enlaces juegos que sólo cargarán más la ya de por sí pesada mochila que portas hasta que un día cualquiera explote en tu cara.

Inventar resulta peligroso y carente de sentido.

Cualquier noticia acerca del mundo real debe describirse con esos detalles y esa sencillez que no la despojarán de sentimiento o significado.

La gente tiende al autoengaño.

Es imperativo reconocerse a uno mismo sin tapujos ni mentiras. Al fin y al cabo, la imposición de lo real se expandirá con mayor fuerza cuando decida mostrase. Una tormenta imposible de burlar.

Una ventana, un cuchillo o una piedra pueden ser descritos mediante un millar de adjetivos, términos rebuscados o recovecos, pero son lo que son. La vida es igual.

No nos podemos permitir la ilusión de teñir la realidad para terminar entumecidos por los golpes. No hay otro remedio que provocar ese escalofrío sin disfrazar lo que nadie quiere oír y clavar un certero hierro en el centro mismo del corazón.

En la vida o en la literatura se pueden trasladar las comas de sitio, eliminar los puntos, saltarse palabras, tacharlas, reescribirlas, utilizar términos oscuros o enrevesados. Es igual. Los sentimientos directos triunfan descaradamente igual que en la vida.

Si hace sol, simplemente piénsalo y dilo así. No intentes negar lo que es inevitable que se muestre, pues sólo estarás perdiendo el tiempo.